miércoles, 27 de diciembre de 2017

El ego y la cuestión de la perspectiva.







Yo no tengo nada contra el ego mientras esté en su lugar, mientras se entienda que es lo que yo soy (sol) pero no lo que todo el mundo es (juicio).








El ego bien  canalizado es la personalidad única de un ser humano y le da la capacidad de obrar y de ser un aporte, también único, a la creación (mago), por lo que tiene un tremendo valor.









Pero tenemos que ser conscientes de que cuando nuestro ego se siente herido, desencadena una serie de respuestas emocionales para defenderlo (diablo), que nos pueden nublar la visión de la realidad (luna),










Por eso ojalá no olvidemos que todo lo que nos molesta de otros es en realidad algo que tenemos que aprender de nosotros mismos y que no hemos logrado confrontar voluntariamente (torre). 











Repetir muchas veces que tengo razón, difícilmente cambiará la manera de otras personas de ver las cosas, y no tendría por qué hacerlo.


Todos tenemos nuestras experiencias (ermitaño) y nuestros tiempos (rueda de la fortuna).







Dar nuestra opinión sinceramente, con intención de que sea útil a otros y no por ganar o demostrar que sé más, en cambio, puede generar en otros una chispa, una potencia de cambio (loco). 







Las personas o ideas opuestas están allí para complementarse y dar origen a lo perfecto (enamorados).










Una palabra cualquiera, viniendo de cualquier persona sin importar cuánta información acumula en su cabeza, puede ser lo único que el otro necesita para encontrar la iluminación, porque esta viene desde dentro, lo externo es lo que nos moldea para que seamos lo mejor que podemos ser (mundo).












lunes, 23 de octubre de 2017

5 mitos acerca del Tarot que sería bueno dejar atrás



Como herramienta antigua y misteriosa que es, el Tarot está rodeado de un aura mágica. Recuerdo que cuando era niña me parecía fascinante ver a mi madre abrir el mazo de cartas, se sentía como si un portal a un universo distinto se abriera y quizá por eso es que decidí imitarla. Cuando llegué a la adolescencia la magia era algo normal para mí, y no temía involucrarme en los pasadizos más oscuros del ambiente esotérico para descubrir "mi poder".
Pero con el tiempo me di cuenta de que en realidad mucho de lo que aprendí acerca del Tarot en ese entonces no eran más que mitos o supersticiones. No es que desprecie ese conocimiento tradicional, de hecho le tengo mucho cariño, pero creo que le hace flaco favor al esfuerzo que hacemos por lograr que dejen de mirarnos como locos e ignorantes. Me duele por aquellos que están partiendo y que están todo el tiempo aterrados de hacer algo "mal" y también, por los que debido a esos mitos nunca llegarán a beneficiarse de una herramienta tan útil para el desarrollo personal.
Por eso me gustaría mencionar algunos de ellos que pienso que es tiempo de dejar atrás del todo, por el bien de la humanidad 😋



1. El Tarot no es diabólico, ni los tarotistas somos satánicos.
Pertenecemos a distintas religiones: algunos son cristianos, hay muchos otros que son budistas, wiccanos, shintoístas, librepensadores, creyentes eclécticos, de alguna religión afroamericana, etc. En cada religión existe una representación diferente del mal, y sin importar la religión que se practique, el estudio del Tarot te enseña a evitar el mal y buscar el bien, por lo que difícilmente es algo diabólico. Independientemente de que existen personas que practican alguna clase de espiritismo y además leen el Tarot, ambas cosas no tienen ninguna relación, así que tampoco es que los tarotistas contacten demonios que les hablen, como me dijeron alguna vez.
El Tarot es un mazo de cartas que contiene un lenguaje simbólico, por medio del cual, aprendemos a mirar el mundo y a nosotros mismos de una manera diferente, más amplia, que nos permite observar situaciones que quizá no son tan evidentes. La mayoría de los escritos sagrados se basan también en un lenguaje simbólico que intenta poner en palabras humanas, ideas divinas. El Tarot es, uno más de esos libros.

2. El Tarot no trae mala suerte (ni buena tampoco).
Yo personalmente no creo en la suerte, creo en causas y efectos, y también en el sentido, en una especie de plan o inteligencia que gobierna todo. Pero más allá de las creencias personales, es difícil que una herramienta como el Tarot tenga el poder de hacer que las calamidades te persigan, como tampoco lo tienen los gatos negros, ni las escaleras, ni los paraguas. Prueba de ello son las vidas completamente normales y felices de millones de tarotistas alrededor del mundo. Si el Tarot diera mala suerte, yo ya lo sabría. Por el contrario, gracias al Tarot he aprendido a construir y luchar por tener la vida que quiero, sobreponiéndome a las dificultades.

3. No necesitas de ningún don especial para leer el Tarot.
Que hay personas que tienen dones de mediumnidad, o de clarividencia, está bien, pero eso no tiene relación directa con el Tarot y no es excluyente en ningún sentido. De hecho, el ser humano se relaciona naturalmente con los símbolos, por lo que cualquier persona está capacitada para ser lector.
Sólo hace falta la voluntad de aprender y de superarse constantemente, y un poco de disciplina. Puedes tener ciertos talentos, como una gran sensibilidad e intuición natas, pero al igual que un buen oído no hace a un músico, ni la facilidad con los números hace a un ingeniero, la sensibilidad por sí sola no hace a un tarotista. Es un oficio como cualquier otro, en ese sentido.
La intuición no es en sí una capacidad sobrenatural, es la habilidad de descifrar, dedar forma y traer a la consciencia, información que nuestros cerebros ya captan de manera inconsciente. Como cuando conoces a alguien y te da "mala espina": tu cerebro te está advirtiendo a través de esa sensación la posibilidad de peligro que quizá había en la expresión corporal de esa persona.

4. Los tarotistas no somos adivinos.
Es muy común que las personas que consultan por primera vez piensen que uno debiera saber qué está pensando, pero no funciona así. Nosotros interpretamos las cartas, no leemos la mente. Quizá haya más de alguno que lo haga, tal como hay clarividentes y mediums, pero como ya mencioné en el punto anterior, estas habilidades son distintas de la lectura del Tarot. Según la habilidad y experiencia del tarotista, puede ser capaz de visualizar más o menos detalles en la historia que las cartas de una tirada cuentan, pero el principal fin de nuestro trabajo no es adivinar, sino ayudar a las personas a encontrar respuestas a las interrogantes y conflictos de su vida. Incluso si el tarotista se dedica a la lectura predictiva, saber acerca del futuro sólo toma sentido en la posibilidad de cambiar nuestro destino, guiándolo hacia nuestra felicidad.

5. Los tarotistas no (necesariamente) son brujos.
Si bien hay muchas personas que estudian ambas disciplinas, no todas muestran interés en la magia, y todavía menos en las prácticas más oscuras. Hay muchos acercamientos al Tarot, desde el punto de vista artístico, psicológico, antropológico, filosófico, también espiritual y religioso. La mayoría buscamos respuestas a las problemáticas de la vida, y nos esforzamos como cualquiera para lograr nuestras metas. Incluso entre los "brujos", o practicantes de magia, una buena parte son personas que buscan hacer lo correcto y respetan el libre albedrío. Así que no hay nada que temer, los tarotistas no vivimos haciendo muñecos vudú ni echando maldiciones a las personas, la mayoría de nosotros somos personas normales y amables.

Así que si el Tarot te da curiosidad ¡adéntrate en este bello estudio! No hay nada malo ni oscuro en él. Como en todo rubro hay personas que no tienen tantos escrúpulos 😔, pero te puedo asegurar que son la minoría.
Si quieres aprender y no sabes donde empezar, te invito a este grupo de FB donde estudiamos, revisamos tiradas y hacemos entretenidas actividades.
Si quieres consultar, recuerda que un buen tarotista siempre te ayudará a sentirte empoderado, y con más alternativas y herramientas que en el comienzo de la tirada.




lunes, 21 de agosto de 2017

Preguntas trampa y decisiones.

Una pregunta bien formulada, como mencioné antes aquí, es fundamental para obtener una respuesta clara y precisa, que sea de utilidad real para quien consulta y no sólo información vacía. Más allá de si el tarotista utiliza método adivinatorio o terapéutico, permite ordenar la mente y enfocarla en aquello que queremos saber, y con ello le da la posibilidad al tarotista de comprender lo que el consultante necesita para brindarle un mejor servicio.
Pero hoy iremos un poco más allá. Hay preguntas cuya formulación es engañosa y delata, una necesidad de trasladar decisiones al Tarot de forma directa o indirecta. Es comprensible que el mundo a veces parezca aterrador, y que eso nos empuje a no querer dar pasos en falso que nos hagan sufrir. Sin embargo, no podemos aprender si no nos equivocamos. Y el Tarot (la inteligencia detrás de él) sabe eso, por lo que muchas veces al hacer este tipo de preguntas recibirás una respuesta indirecta o una reprimenda. Las decisiones son nuestro trabajo.

Por eso, quizá quieras eliminar de tu repertorio:

Las preguntas que comienzan con “¿Debería…” 
Es tu vida, sólo tú determinas lo que debes o no hacer, según tus propias normas éticas, convicciones, ideales, deseos e impulsos; combinado con los resultados que pretendes obtener. Prueba preguntando ¿qué podría suceder si yo...?"

Las preguntas que comienzan con “¿Me conviene…?”
Para poder contestar esa pregunta correctamente deberíamos saber si estamos hablando de tu deseo personal actual, o de lo que respecta a tu experiencia de vida. Puede que algo salga muy mal ahora, pero que te convenga pensando en el largo plazo, que sea una experiencia fundamental que defina el resto de tu vida. Intenta preguntando "¿Será productivo para mi presente (o mi vida si prefieres considerar el largo plazo) si...?"


Las preguntas que incluyen “es bueno” o “es malo”.

En general es útil evitar juzgar las cosas como buenas o malas, ya que es un concepto muy abstracto y variable de una persona a otra y de un momento a otro de nuestras vidas. Intenta hablar de experiencias más fáciles o más difíciles de enfrentar, experiencias agradables o desagradables, placenteras o dolorosas. Si preguntas "¿Será una experiencia agradable si yo...?" te contestarán directamente si habrá sufrimiento y tú podrás decidir en consciencia.

Las preguntas abiertas sobre el futuro, con la expectativa de que en la lectura se muestre que pasará o vendrá algo desde fuera a solucionar tu situación. Quizá sea más productivo que preguntes directamente la mejor forma de enfrentarla y los recursos que tienes en relación al resultado que quieres obtener.


Como un niño nunca aprenderá a caminar si no suelta el borde de la mesa corriendo el riesgo de caer al suelo, nuestro camino se va forjando por medio de nuestros errores, también nuestra personalidad y nuestra vocación. Las experiencias abren nuestros ojos a nuevas verdades y con ello, vamos hallando senderos nuevos que no vimos antes porque no sabíamos cómo. Y así, construimos nuestra felicidad, que no se trata de tener éxito en todo y nunca más sufrir, sino de tener la convicción de hacer lo que debemos, la fortaleza de ser quienes somos y la disposición de enfrentar la vida de una forma nutritiva. El Tarot (la inteligencia detrás) siempre apuntará a eso.

viernes, 4 de agosto de 2017

El lado oscuro del sol.


El sol debe ser una de las cartas más positivas de todo el mazo. Simboliza todo lo que es alegre y luminoso, además de la protección, la energía nutritiva y fértil nuestra estrella. Sólo ganancia. Por eso es confuso cuando obtienes al arcano XIX en una posición negativa de la tirada, como lo que tienes en contra, o lo que tienes que cambiar de ti mismo para crecer. Algo no cuadra.

Pero todas las cartas del Tarot tienen potencialidad positiva, y también negativa. Todas. No hay cartas que sean exclusivamente buenas o malas, porque toda situación se juzga según su contexto. Una torre puede ser excelente si la estructura que se rompe es una relación tóxica. El diez de espadas ese el máximo dolor, pero por lo mismo, una vez tocado fondo, sólo hay camino ascendente. Asimismo esta carta, en toda su bondad, alberga un lado oscuro que tiene mucha relación con su regente, que es también el astro rey.

El sol es el dador de vida, sin duda. En la mitología siempre tiene un rol protagónico, normalmente masculino. Apolo en grecia, por ejemplo, era símbolo de belleza, juventud, virilidad y poder. Cruzaba el cielo en un carro de fuego. Sin embargo, su carácter se tornaba cruel y vengativo si era rechazado. Así representaban la dualidad del astro que es tanto una fuente de vida, como capaz de gran destrucción. Lo asociaban también entonces a la ambición, el orgullo, la arrogancia y la vanidad.

Por esa razón si el sol nos aparece en una posición "en contra", puede representar una situación en la que crees tener todo demasiado claro, al punto de la soberbia. Puede que estés olvidando una cuota sana de auto-crítica, considera que nunca somos tan maravillosos como nos gustaría. La relación numérica tampoco es casual: para avanzar hacia la plenitud, del sol pasamos al juicio, a revisar nuestra experiencia no en la luz propia, sino la verdadera consciencia que el juicio simboliza y que no nos pertenece ni gira en torno a nosotros. Si nos quedamos siempre en el sol, seducidos por la alegría y el bienestar que proporciona, nunca llegaremos a ser uno con la creación al perdernos en nuestro propio ego. Si creemos que ya sabemos suficiente, nos estancamos.

Como la luna es símbolo del inconsciente, el sol hace lo propio con la consciencia, la parte más asequible de la psique. Si tienes la carta del sol mal aspectada, puede que estés olvidando tus aspectos inconscientes, haciendo como que no están ahí, como si ya los hubieras dominado por completo y ¡espera! ese pensamiento en sí mismo es un engaño de la vanidad en el que es muy fácil caer a lo largo del camino del desarrollo espiritual, motivado seguramente por aspectos inconscientes. Una triste paradoja.

Debemos ser precavidos, entonces. Al reconocer los aspectos negativos de la carta seremos capaces de mantener un equilibrio sano entre el orgullo y la nobleza. El sol no es el fin del camino, pero es una pausa agradable. Si el Tarot te la muestra de manera negativa, ya lo sabes, quizá has sido cegado por su luz y es tiempo de recuperar la vista.

viernes, 7 de julio de 2017

El cinco de espadas y el ejercicio de la competitividad


El cinco de espadas es una de esas cartas duras. Nos habla de conflictos, de ambición, de ser agresivo en la lucha por lo que queremos conseguir y en efecto conseguirlo. A Maquiavelo seguro le hubiera encantado esta carta. En una lectura podemos estar en la posición del vencedor y también en la de los vencidos, la carta por sí misma no lo deja claro y serán los arcanos que la rodeen los que nos dirijan a la interpretación correcta. Ganar o perder, suena simple.

Pero ¿qué sucede cuando la carta aparece para nosotros mismos o en una situación en la que esa dinámica no es aplicable?

Una lectura en la que una madre saca el cinco de espadas para la relación con su hijo no puede determinar que ella gane o pierda. En cualquier caso siempre será lo segundo. Mostrarle a nuestros hijos que teníamos razón a costa de hacerlos sentir disminuidos y derrotados no es una victoria para un padre. Por el contrario, dejarles a ellos doblarnos la mano siendo nosotros los que nos alejemos tampoco resultará en nada bueno. Las relaciones familiares deben ser justas, amorosas, horizontales. El rol de un padre es guiar, y jamás nos alegraremos de que nuestros hijos cometan errores aunque sabemos que es inevitable en el aprendizaje del mundo.

Simplemente, hay situaciones en las que no podemos funcionar con la lógica de la competencia. Por eso cuando aparece esta carta debemos preguntarnos: ¿Es en realidad un asunto de vencer o ser derrotado? ¿cómo puedo enfrentar esta situación sin sentir que debo ganar? ¿En qué me disminuye no tener la razón? Es un llamado de atención a nuestro instinto competitivo que no es algo malo per se, pero no puede extenderse a toda dinámica relacional o la ensuciará con tensiones y rencores que desnutren los afectos.

Hay conflictos que sólo están en nuestra mente. Las espadas representan ese universo mental que estructura nuestras acciones. No es lo mismo conquistar por la fuerza que lograr una meta en equipo; al mirar al personaje de la carta vemos que él tiene todas las espadas, como dice Waite en su clave pictórica es "el amo del campo", pero está completamente solo. En el cinco de espadas no hay verdaderos ganadores, todos han perdido algo. La sonrisa casi sarcástica con la que el vencedor mira a sus contendores nos indica que al menos ha perdido su humildad. Como quien va a la guerra, puede que conquiste un territorio pero dejará en él parte de su alma. 

Cuando veo esta carta una de las cosas que recuerdo de inmediato es una frase que leí, que desconozco a quien pertenece pero la cito: "elige cuidadosamente tus batallas, a veces es mejor tener paz que tener razón". No todo es ganar o perder, sin importar el resultado experiencias, recuerdos y aprendizajes quedan. Y de eso está hecha la vida.


miércoles, 24 de mayo de 2017

¿Qué preguntamos cuando preguntamos por el amor de nuestra pareja?

Puede parecer una interrogante tonta a simple vista, pero en realidad no lo es, y peor aun, es una fuente común de equívocos y frustraciones, tanto para el lector como para el consultante del tarot a la hora de tratar temas subjetivos de gran importancia, como el amor de pareja, la vocación, la felicidad o el éxito.

Antes que nada debemos considerar que toda consulta interactúan a lo menos dos personas: el consultante y el tarotista. Dos personas cuya visión de la vida puede ser completamente distinta y cuyo catálogo de posibilidades se forma en base a lo que hayan experimentado. Ese abanico de opciones influye directamente en la forma en la que el tarotista da forma al mensaje que las cartas le muestran: si un tarotista jamás ha experimentado el amor, no podrá sentir el arcano seis de la misma manera que alguien que sí lo haya hecho. Y también en el sentido contrario, el consultante dará por hecho todas las relaciones causales que sus concepciones ordenen, aun cuando el estas no sean de una lógica objetiva para el tarotista o para las demás personas involucradas en su vida.

Entonces, la claridad de la pregunta es fundamental. Pero al hablar de claridad, vamos un poco más allá de simplemente una formulación concreta y directa. Tenemos que saber que estamos hablando de lo mismo, desde una perspectiva común.

Situaciones muy frecuentes y muy gráficas a la hora de ejemplificar estos equívocos, son las reconciliaciones. Muchas veces las personas preguntan si se van a reconciliar con una pareja con la que han roto, suponiendo que una reconciliación implica continuar con la relación. Y en la realidad no es así. Hacer las paces podría implicar sólo cerrar la etapa con una linda amistad. El amor de pareja, se vive de forma única en cada individuo, por lo que alguien que ama puede mostrar distintos grados de compromiso formal, o de apertura emocional sin que eso vaya en desmedro de su amor. El prejuicio de que "si me ama entonces debe querer casarse conmigo" o "hay cosas que no me cuenta, así que no me ama" limita al consultante al disfrute del aquí y ahora de su relación y puede acabar arruinándola. Más aun si la expectativa no se ajusta al status de la relación: no se puede pretender que una persona con la que sales hace un mes te profese amor eterno (sucede, pero son las excepciones) y menos aun, creer que sólo vale la pena relacionarse con aquellos que nos prometen que durarán para siempre. Si el consultante tiene miedo, dudas y/o reparos, entones puede llegar a comprender que el otro también los tenga.  Al tarotista le conviene, entonces, asegurarse de conocer la lógica subyacente en la pregunta antes de contestar, para aprender a orientar de a manera más apropiada a cada consultante según sus propias necesidades.

Un lector que se da cuenta de que esto está ocurriendo en su sesión tiene una oportunidad única de enseñar al consultante a evitar frustraciones derivadas de estas relaciones engañosas de causa y efecto que le hacen pensar que el amor es algo rígido y definido. Si pregunta por un tercero, es imprescindible explicarle cuál es la forma en la que esa persona entiende conceptos como el amor, el compromiso, la relación de pareja, para que alcance a comprender al otro en toda su complejidad y su individualidad. El prejuicio de que el éxito en una relación de pareja consiste en metas concretas que se tachan en una lista y que son una sucesión lineal irrenunciable (salir, tener sexo, comprometerse, convivir, casarse, tener hijos...) suele impedir que el consultante disfrute del presente pendiente de lo que pasará en el futuro, cuando en realidad la relación fluye por sí misma cuando es basada en la honestidad, la empatía, el compañerismo y el amor. Ninguna relación debe llevar hacia algo en particular, sólo hacia donde ambos miembros de la pareja, en acuerdo, decidan ir. Asimismo, una relación puede acabar en cualquier momento no importa cuántos ítems de la lista hayamos tachado, y eso no elimina automáticamente las experiencias bellas que podamos haber vivido con esa persona y todo lo que aprendimos sobre la vida y sobre nosotros mismos. Por eso es sano que el tarotista le ayude al consultante a comprender que la vida emocional de los seres humanos está llena de matices y que cada experiencia es valiosísima en el descubrimiento de lo que necesitamos para complementarnos.

Todo ello sin importar que la lectura sea predictiva o no. Se puede conservar un espíritu predictivo si se desea, sin abdicar de ayudar al consultante a tener una percepción más amplia y aterrizada de lo que lo rodea.

No tener miedo de preguntar a qué se refiere el consultante cuando habla de conceptos subjetivos, nos permite entregar una orientación integral, en muchos casos sanadora, de su relación y comunicación con el entorno y consigo mismo.


viernes, 14 de abril de 2017

Los enamorados, el amor, el matrimonio y las decisiones.




Hace no mucho tiempo vi una ardua polémica entre dos tarotistas con respecto al "verdadero" significado del arcano VI, llamado "el enamorado" , "los enamorados" o "los amantes". Los dos significados clásicos de esta carta son "decisión" para el tarot de Marsella y "Amor" para el mazo de Rider. Waite, en su "Pictorial key to Tarot" incluso es más específico, señalando que esta carta reemplaza a la antigua carta del matrimonio. Pero ¿son realmente tan dispares estos significados?

El amor es misterioso. Difícil de definir, ha sido descrito por la literatura desde el inicio de la historia. Esa fascinación tiene que ver con su transversalidad y su capacidad de transformación. El amor es una experiencia tremenda en la vida de un ser humano, tanto, que a ojos de quien no la ha vivido puede parecer irracional, absurda, cuyo único sustento es la fe, como sugiere el ángel, sólo explicable por la intervención divina.

Y el amor es todo eso. Es irracional, desde que no es resultado de un análisis lógico, es un impulso que se da naturalmente hacia un otro sin importar si es bueno o malo o hace cuánto tiempo le conocemos, es movido por la esperanza de su bienestar por sobre el nuestro, algo tan infrecuente en la egocéntrica naturaleza humana que podemos aceptar la posibilidad de que nos acerque a aquello que puede definirse como divino. Es fruto a su vez de la inocencia, que nos permite embarcarnos en él; y de la madurez más profunda, cuando comprendemos su significado y sentido. A.E. Waite escribe que la carta representa el amor antes de que sea contaminado por el deseo, es el ágape griego.

En la perspectiva humana, el amor es también como se interpreta tradicionalmente en la iconografía marsellesa: una pulsión entre la virtud y la corrupción. Es una encrucijada perpetua y llena de tentaciones. En cada paso que damos se nos presenta una decisión constante. Cuando amamos, decidimos una y otra vez por el otro. Para aquél que nunca ha amado, esta idea suena a victimización, sin embargo, el amor responde a una vocación y como tal, produce una profunda satisfacción. Waite no es ajeno a este significado, él dice "la sugerencia con respecto a la mujer es que ella simboliza la atracción a la vida sensual que trae con ella la caída del hombre; pero está, más trabajando para una ley secreta de la providencia, que por su propia consciencia y voluntad". La virtud y la corrupción cumplen una función en el universo: propiciar la evolución del hombre hacia la consciencia de su propia divinidad.

Otra interpretación más moderna que tampoco podemos dejar fuera de este análisis, es la idea de la armonización de los opuestos. ¿Quién podría dudar que el amor coincide también con esa definición? El destino de los amantes es ser "una sola carne". Las energías opuestas, al igual que ellos, son llamadas a complementarse en un todo que da origen a la creación y a la vida.

Como vemos, quizá no sea coincidencia que la carta se llame "el enamorado" en vez de "la decisión" o "el amor", quizá su intención es abarcar todos los aspectos de esta compleja trama de las relaciones humanas que es la pareja.




martes, 4 de abril de 2017

Aconsejada a no cooperar (La ayuda invertida)


Cuando uno está leyendo el Tarot lo hace desde un lugar en que la espiritualidad toma el control. Al analizar las cartas lo hacemos muchas veces presumiendo lo que consideramos rectitud, especialmente en tiradas en las que pedimos al universo una orientación para enfrentar nuestro día. Nos parece obvio pensar que la inteligencia divina es bondadosa y justa. Esa fue también mi conclusión cuando mi Tarot egipcio me aconsejó con La Ayuda invertida.

En ella se ve a dos personas ejerciendo sus labores sobre un andamio. Una de ellas porta una especie de compás y el otro un cincel. Nos transmite de inmediato la idea del trabajo en equipo: uno de ellos mide mientras el otro talla jeroglíficos en un obelisco. El de la derecha, de pie, es activo y masculino, su energía aporte es el de la lógica y la objetividad con que mide; y el de la izquierda, sentado, aporta el lado artístico y la realización física. El número siete es la conjunción de lo divino con lo terrenal, y neptuno también nos habla de la conexión íntima entre los seres por la disolución del ego. Esta carta representa una actividad orquestada entre dos personas compenetradas. Suelo interpretar las posiciones invertidas como una resistencia a la energía propuesta por la carta, así que era muy razonable pensar que el tarot me estaba recomendando mostrarme abierta a cooperar con los demás.

Alguien muy querido me invitó a acompañarle en sus actividades. Yo acepté siguiendo el espíritu del consejo recibido. O eso creí. A poco andar hubo una pelea muy fea, y mientras discutíamos no podía quitar la imagen de La Ayuda de mi cabeza y la idea de que había malentendido el significado de la lectura. El consejo era mucho más simple de lo que yo pensaba: No lo acompañes. Pero ahí es cuando nuestros prejuicios empañan nuestra visión, porque cuando saqué la carta sí me vino a la cabeza la idea de mantener cierta distancia en las relaciones sociales, pero pensé: ¿cómo podría el Tarot recomendarme algo tan egoísta?... Obvié la sensación y busqué un significado que calzara mejor con mi idea de un consejo del Tarot. A veces el mensaje que la voz interior nos quiere transmitir es tan simple, que somos incapaces de verlo. Y si bien no pasó a mayores, siento que fue un error. Obedecer a mi intuición me hubiera dado mejores herramientas para enfrentar la situación.

Es claro que también podríamos analizar la causa de la discusión y concluir que la carta concuerda perfectamente con el conflicto por la fata de cooperación y encontrar una explicación psicoanalítica al respecto, pero mi yo interno (maestro, intuición, ´guía, como queramos llamarle) sigue repitiendo: "te lo dije, no vayas". Y siento que esa fue la lección de esta tirada, escuchar más y suponer menos.

viernes, 31 de marzo de 2017

La muerte invertida no siempre es estancamiento.



Resistencia al cambio, fácil ¿no? Pues no.

La consultante estaba en una situación muy particular, en la que había dejado atrás las creencias de su niñez y juventud, para abrirse a un mundo completamente nuevo. Es claro que si lo interpretamos desde la sospecha podríamos decir que quizá la consultante no estaba tan abierta a las cosas nuevas como pretendía y que era eso lo que la carta indicaba, pero yo intuía que no era eso. Ella sinceramente había tomado el camino nuevo y estaba muy satisfecha con ello.

Entonces ¿qué nos indicaba la muerte invertida? Ninguna de las ideas tradicionales calzaba. Comenzamos entonces a mirarla desde otra perspectiva, dejando que las imágenes nos invadieran de una manera más sencilla. Si la giramos, la muerte camina hacia atrás, hacia el pasado. El sacerdote vestido de amarillo está también en el pasado.

Cuando pensamos en cambios siempre pensamos en el futuro, en lo nuevo. Pero ¿y si nos viéramos enfrentados a tener que cambiar el pasado?

Es imposible cambiar lo que ya ha sucedido.

Pero ¿qué es lo que ha sucedido? lo que nos queda de los hechos no es más que nuestro recuerdo, la forma en la que juzgamos y almacenamos ese hecho en nuestro cerebro. No necesariamente es ajustado a lo que fue la realidad. ¿Y si esta muerte se dirigiera hacia el centro mismo de esas estructuras mentales que dejamos atrás, para permitirnos reconfigurar todo nuestro presente? Esa era la problemática de la consultante. Había cortado con el pasado, pero entonces había dividido su vida en dos, quitándole toda consistencia a su propio ser. La muerte venía a indicarle volver atrás y realizar el cambio desde su historia, sin desmembrarla. Buscarle un sentido a nuestro pasado en lo que somos es parte importante de nuestro crecimiento. Es una forma de definirnos, de conocernos. El cambio no es el mero acto de dejar una cosa para tomar otra, sino un proceso interno en el que lo que antes era nuestra realidad se transforma en algo ajeno. Pero hay cosas que simplemente no puedes borrar: tus padres, por ejemplo. En ese punto fue donde todo este análisis se volvió claro y consistente: la consultante había dejado atrás la religión de sus padres, entendiéndola como un lastre, un engaño de su parte. El papa amarillo. La consultante debía volver a conocer la religión de sus padres desde la perspectiva que había adquirido para poder entenderla en su dimensión racional, cultural y simbólica y así reconciliarse con sus padres por educarla en ese sistema. Debía renacer, pero era la niña la que debía renacer para poder madurar en la adulta que esperaba.

La muerte invertida no siempre es estancamiento, pienso entonces, a veces sólo mira hacia el pasado.

jueves, 30 de marzo de 2017

La reivindicación de la luna.


Solía creer que la luna era una de esas cartas malas sin remedio. La confusión, la ilusión, la mentira. Parece sencillo pensar que no tiene nada bueno, que es una indeseable. Pero sinceramente, nunca pude verla con esos ojos. Había algo en ella, enigmático, secreto, que me parecía muy atractivo. La luna además es un cuerpo astrológico importante representa a lo femenino, lo receptivo. Bueno, quizá desde la perspectiva del tiempo aquello tiene sentido en una sociedad cristiana misógina. Lo femenino tiende a ser oscuro y confuso para el hombre.
Viéndolo desde ese punto de vista, me hace pensar que la luna es el sentido a través de la visión femenina. Es hermana del ermitaño (1+8=9), por lo que más que una respuesta es una búsqueda, un descubrimiento. Pero este descubrimiento se hace de manera receptiva y no activa como en el caso del ermitaño, en la luna observamos la fenomenología, no buscamos la confirmación de la lógica.
En la luna nos abrimos a las emociones radicales, luego de haber hallado la templanza, de haber conocido nuestra bajeza, de haber sido golpeados por la verdad que nos condujo a la fe. Al instinto no comprendido como algo sucio y pecaminoso, sino como sabiduría natural. Eso que dentro de nosotros nos mueve en una dirección antes de que el filtro de lo racional nos indique qué hacer. Está en nuestros genes, es patrimonio de la vida. Es la sensación previa a la explicación, el impulso primigenio que está allí porque el universo entiende de esos códigos, somos nosotros los que los hemos olvidado.
Nuestra sociedad no nos enseña a manejar esos impulsos. Ignoramos la naturaleza porque somos seres racionales, sin alcanzar a ver que somos racionales por naturaleza.
Si dejamos a estas emociones libres sin comprenderlas nos controlarán y vendrá la depresión, las mentiras, la infidelidad, la manipulación y el drama. Nos volveremos cambiantes y caprichosos, y esto lo proyectaremos a nuestro alrededor. Pero no somos así por maldad, somos así porque hay una parte de nosotros mismos que hemos obviado y por ese medio nos recuerda que está allí, esperando a ser atendida.

No obstante, la luna puede ser bien canalizada. Puede ser la intuición y el poder psíquico humano. Puede ser el trabajo mágico que pone orden en el universo y el auto-descubrimiento a través del trabajo con nuestra sombra. Puede ser los ciclos de la fertilidad femenina. La capacidad de sentir a la naturaleza como parte de ti y a ti como parte de la naturaleza. Puede ser la habilidad de conectar con las emociones de los demás y con las propias. Sumergirnos en nosotros mismos para conocernos en profundidad, principalmente en nuestra pequeñez.

La luna es la ocasión en la que estamos conectados con lo que la madre naturaleza dispuso que seamos para reflejar la divina inteligencia del universo. Podemos acogerlo y amarlo, hacerlo parte de nosotros y convertirnos en seres integrales; o podemos negarlo y combatirlo, transformándolo en un monstruo oculto, acechándo en la oscuridad.

El 5 de copas y el derecho a llorar.


Era un día ideal, de mi mejor mes: Marzo. Un sol brillante, los pájaros cantando, un sueño reparador, trabajo bien remunerado, una hermosa familia y una vida espiritual en expansión... Idílico, mejor que nunca. Hago mis ejercicios diarios y sugerido por uno de los grupos de facebook en los que participo surge el desafío: pregúntale a las cartas de copas ¿qué necesita mi corazón hoy? Respuesta: El cinco de copas.

¿Por qué podría mi corazón necesitar una carta tan oscura?

El cinco de copas puede ser una carta dura, pero no todo lo duro es malo. El agua corre bajo el puente, todo pasa en la vida, y siempre hay algo que queda, una construcción en el horizonte, la seguridad de un hogar. Incluso si sabemos todo eso a veces sólo necesitamos llorar. La emoción está allí, a veces aparentemente inexplicable. Hace falta botar esa emoción de alguna manera, eso que nos avergüenza, que nos hace sentir débiles, eso que perdimos y que nos duele aunque lo neguemos mil veces.

¿Por qué lo negamos?

¿Por qué nos quitamos el derecho de sentirnos indignados y dolidos por lo que sentimos perdido?

Los duelos bien llevados son sanos y es más, son vitales en nuestro desarrollo. Seguir hacia adelante sin procesar el dolor no hace más que transformarlo en una gran bola de nieve que nos aplastará tarde o temprano. Dejé de criticar al personaje y empecé a admirarlo. El cinco de copas puede ser mi derecho a pataleo, por lo que sea. Y ya me sentiré mejor mañana. Que llore un día por algo que al mundo le parezca sin sentido no significa que esté deprimida, ni tampoco que nunca más me volveré a levantar. Mientras sepa eso, todo lo demás no importa. Entiendo que me decepciono porque creo expectativas y no las diferencio de la realidad, lo asumo, lo lloro, y lo dejo atrás habiendo aprendido una valiosa lección.

Entonces, puedo levantar mi cabeza y mirar mi casa en el horizonte. Puedo mirar detrás de mí y ver esas dos copas de pie, y darme cuenta de que no estaba considerando todas las opciones. El cinco de copas parece un recordatorio de lo limitada de nuestra perspectiva. Ahora podemos verlo todo, ya que no estamos ocupados pretendiendo que no lamentamos nada.

Entendí entonces que el cinco de copas puede ser una necesidad del corazón, tal como el desafío lo planteaba. La necesidad de permitirme llorar sobre la leche derramada aunque no valga de nada para solucionar el problema en la práctica y aunque ese problema parezca sin importancia, sólo por el alivio que produce ese llanto antes de convertirse en aprendizaje.