miércoles, 24 de mayo de 2017

¿Qué preguntamos cuando preguntamos por el amor de nuestra pareja?

Puede parecer una interrogante tonta a simple vista, pero en realidad no lo es, y peor aun, es una fuente común de equívocos y frustraciones, tanto para el lector como para el consultante del tarot a la hora de tratar temas subjetivos de gran importancia, como el amor de pareja, la vocación, la felicidad o el éxito.

Antes que nada debemos considerar que toda consulta interactúan a lo menos dos personas: el consultante y el tarotista. Dos personas cuya visión de la vida puede ser completamente distinta y cuyo catálogo de posibilidades se forma en base a lo que hayan experimentado. Ese abanico de opciones influye directamente en la forma en la que el tarotista da forma al mensaje que las cartas le muestran: si un tarotista jamás ha experimentado el amor, no podrá sentir el arcano seis de la misma manera que alguien que sí lo haya hecho. Y también en el sentido contrario, el consultante dará por hecho todas las relaciones causales que sus concepciones ordenen, aun cuando el estas no sean de una lógica objetiva para el tarotista o para las demás personas involucradas en su vida.

Entonces, la claridad de la pregunta es fundamental. Pero al hablar de claridad, vamos un poco más allá de simplemente una formulación concreta y directa. Tenemos que saber que estamos hablando de lo mismo, desde una perspectiva común.

Situaciones muy frecuentes y muy gráficas a la hora de ejemplificar estos equívocos, son las reconciliaciones. Muchas veces las personas preguntan si se van a reconciliar con una pareja con la que han roto, suponiendo que una reconciliación implica continuar con la relación. Y en la realidad no es así. Hacer las paces podría implicar sólo cerrar la etapa con una linda amistad. El amor de pareja, se vive de forma única en cada individuo, por lo que alguien que ama puede mostrar distintos grados de compromiso formal, o de apertura emocional sin que eso vaya en desmedro de su amor. El prejuicio de que "si me ama entonces debe querer casarse conmigo" o "hay cosas que no me cuenta, así que no me ama" limita al consultante al disfrute del aquí y ahora de su relación y puede acabar arruinándola. Más aun si la expectativa no se ajusta al status de la relación: no se puede pretender que una persona con la que sales hace un mes te profese amor eterno (sucede, pero son las excepciones) y menos aun, creer que sólo vale la pena relacionarse con aquellos que nos prometen que durarán para siempre. Si el consultante tiene miedo, dudas y/o reparos, entones puede llegar a comprender que el otro también los tenga.  Al tarotista le conviene, entonces, asegurarse de conocer la lógica subyacente en la pregunta antes de contestar, para aprender a orientar de a manera más apropiada a cada consultante según sus propias necesidades.

Un lector que se da cuenta de que esto está ocurriendo en su sesión tiene una oportunidad única de enseñar al consultante a evitar frustraciones derivadas de estas relaciones engañosas de causa y efecto que le hacen pensar que el amor es algo rígido y definido. Si pregunta por un tercero, es imprescindible explicarle cuál es la forma en la que esa persona entiende conceptos como el amor, el compromiso, la relación de pareja, para que alcance a comprender al otro en toda su complejidad y su individualidad. El prejuicio de que el éxito en una relación de pareja consiste en metas concretas que se tachan en una lista y que son una sucesión lineal irrenunciable (salir, tener sexo, comprometerse, convivir, casarse, tener hijos...) suele impedir que el consultante disfrute del presente pendiente de lo que pasará en el futuro, cuando en realidad la relación fluye por sí misma cuando es basada en la honestidad, la empatía, el compañerismo y el amor. Ninguna relación debe llevar hacia algo en particular, sólo hacia donde ambos miembros de la pareja, en acuerdo, decidan ir. Asimismo, una relación puede acabar en cualquier momento no importa cuántos ítems de la lista hayamos tachado, y eso no elimina automáticamente las experiencias bellas que podamos haber vivido con esa persona y todo lo que aprendimos sobre la vida y sobre nosotros mismos. Por eso es sano que el tarotista le ayude al consultante a comprender que la vida emocional de los seres humanos está llena de matices y que cada experiencia es valiosísima en el descubrimiento de lo que necesitamos para complementarnos.

Todo ello sin importar que la lectura sea predictiva o no. Se puede conservar un espíritu predictivo si se desea, sin abdicar de ayudar al consultante a tener una percepción más amplia y aterrizada de lo que lo rodea.

No tener miedo de preguntar a qué se refiere el consultante cuando habla de conceptos subjetivos, nos permite entregar una orientación integral, en muchos casos sanadora, de su relación y comunicación con el entorno y consigo mismo.